domingo, 13 de octubre de 2013

EL TROFEO

Estas líneas se las quiero dedicar a unos héroes que tuvieron un sueño, una visión, una meta un deseo, sus ejemplos son las banderas de aliento ante las desventuras del destino casos como los de Juan José Gerardi quien fue cruelmente asesinado a golpes en la cabeza en el garaje de la casa parroquial, allá en la ciudad de San Sebastián, en la zona 1 de la ciudad de Guatemala, él tenía una meta;  justicia por el genocidio guatemalteco o genocidio maya ocurrió en Guatemala en los años ochenta por parte de los militares del gobierno de aquel entonces.
En este sentido, el caso del padre Óscar Arnulfo Romero, él también tenía un fin, la conciliación y el cese de la violencia y muertes por parte del gobierno del Salvador de la época hacia sus ciudadanos, pero fue vilmente asesinado, durante la celebración de una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, por un francotirador; es importante resaltar que ambos sacerdotes tuvieron varios reveses en sus vidas por sus causas y ni eso les quitaba la ilusión de luchar por ellos, aun a costa de sus vidas.
Es por ello que me pregunto ¿Quién no ha tenido un revés en la vida? Ésa sensación de vacio y de desolación y por qué no decir hasta de soledad, a veces todas estas emociones tienen un origen una raíz que derivan del, deseo; ese anhelo de lograr la meta que aspiramos, a veces la vida nos hace malas jugadas y de repente en un solo instante por muy pequeño que sea nos saca del camino, tanto que deja una huella tan profunda dentro de nosotros que nos paraliza de miedo, para seguir intentando una vez más.
Para llegar a la meta no es fácil, muchos pregonan la perseverancia pero son pocos quienes la practican no los rige el deseo de luchar por aquello que ansían. Un fracaso debe ser visto como una caída y ¿para qué caemos? Para aprender a levantarnos con la frente en alto y seguir adelante; la vida es como un rio en donde convergemos con personas especiales que nos enseñan lecciones que nos cambian nuestras perspectivas.
A veces, somos testigos del éxito de los demás y los celebramos, abrazamos su esfuerzo por la victoria alcanzada, sus logros son un paso más mientras quien se queda en el camino debe aprender a trabajar con ahínco porque si ellos lo lograron, él también puede es importante tener presente que un hombre puede ser destruido y no derrotado.
Ante esta situación ¿Qué tan dispuesto estamos para sacrificar lo que creemos por lo que queremos? ¿La ética? ¿La moral? ¿Los valores? ¿La vida? ¿Valdrá la pena tal decisión?
Algunas veces nos encontramos inmersos en esta ambivalencia, para alcanzar nuestros sueños, como también es muy probable que seamos blancos de los ataques más feroces y desproporcionados por los más críticos, algunas veces se nos sirve en bandeja de plata la renuncia por parte de los cobardes que piensan que porque estos no lo lograron tampoco lo harán los demás, subestimando la voluntad ajena. 
 Son pocos los que se entregan en cuerpo y alma a la meta trazada y para ello hay que tener temple de acero y la fe en Dios, en virtud a los momentos adversos que seguramente aparecerán en el camino invasores como, la frustración, la impotencia y la desolación para hacer de las suyas en nuestro interior, para  ello hay que combatirlos con paciencia fe y la esperanza de que el sueño se hará realidad, la paciencia es la virtud de los sabios y un sueño hecho realidad es el trofeo más grande de un luchador.   

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